Aquella mañana, Carlos despertó como cualquier otro día de su vida. Estaba por cumplir 45 años esa misma semana y mientras caminaba hacia el baño, volvió a sentir la molestia que le había estado aquejando de manera intermitente durante los últimos dos meses.

 

– Tengo que bajarle a la sal y a los refrescos (pensó mientras hacía un poco de presión para orinar)

 

– Tienes que ir al médico

 

Escuchó una voz dentro de su cabeza. Intentó ignorarla pero de nuevo volvió a hablarle:

 

– Hace un año no tenías ninguna incomodidad para ir al baño, solo aquella vez con Laura cuando te dijo que “eso le pasa a todos los hombres”

 

Interumpió a la voz en su cabeza respondiéndole en voz alta:

 

– Sí, sí, lo recuerdo ¡ya cállate!

 

Después de pujar por algunos segundos para terminar de sacar las últimas gotas, cayó en cuenta de su exabrupto, abrió el agua del lavamanos y luego de echarse agua en la cara se miró al espejo preguntándose dentro de su cabeza:

– ¿Me estoy volviendo loco?

 

La voz de nuevo respondió:

– No, no estás loco, pero eres negligente contigo mismo

 

Esta vez no se alteró, solo puso la crema dental sobre su cepillo de dientes y comenzó a cepillarse mientras se miraba en el espejo.

 

La voz le habló de nuevo:

– Si vieras tus órganos internos como puedes ver tus dientes le prestarías más atención a tu salud.

 

Luego de enjuagarse la boca se miró al espejo y preguntó dentro de su cabeza:

– ¿Quién eres?

 

– Primero que nada, gracias por no seguir ignorándome y por no asustarte. Soy tu próstata tratando de hacerte entrar en razón.

 

– ¿Qué no es la voz de la conciencia la que le habla a uno?

 

– “Li viz di li kinciincii…” Pues ¡no! Si la escucharas no serías tan inconsciente

 

– Ah, bueno. Hasta regañado salí ahora

 

– Mira, yo no soy de hablarle al titular de la cuenta, pero hay algunas irregularidades por estos predios y necesitaba hacértelo saber

 

Carlos guarda silencio por unos instantes y tras una respiración profunda, suelta la pregunta medio timorato:

– Define “irregularidad”

 

– No te quiero asustar, pero por acá andamos un poco inflamados y esa es la razón por la que te cuesta a veces para ir al baño

 

Carlos contiene la respiración y siente cómo su pulso se acelera al escuchar esas palabras. Traga grueso y suelta la pregunta:

– ¿Tengo cáncer?

 

– No nos pongamos dramáticos, Lupita Ferrer. Lo primero que debes hacer es buscar a un especialista que te examine para saber qué es exactamente lo que tienes

 

Carlos se lleva las manos a la cabeza y se sienta en el sillón de la sala de su casa

– Qué cosa más humillante…

 

La próstata le responde en tono severo

– ¿Qué es humillante? ¿¡cuidar de tu salud!?

 

– Es que me han dicho que lo jurungan a uno por ahí…

 

– Bueno, entonces no vayas al médico y nos morimos antes de los 50. Pero eso sí: ¡macho, machote hasta el final! ¿Eso es lo que quieres?

 

– No, claro que no

 

La próstata hace una pausa y le da algunos datos médicos a Carlos:

– Mira, no todas las dolencias de la próstata son mal de morirse pero para evitarte males mayores, debes hacerte un chequeo preventivo.

 

– Me acabas de decir que tengo una “irregularidad”

 

– Y es solo eso: una irregularidad. ¿Sabes cuánto dura un tacto prostático?

 

– No sé si quiera saber…

 

– 5 segundos. ¿Tu crees que “saltes la talanquera” por un tacto de cinco segundos?

 

– Obvio que no

 

– Entonces, recuerda que también existe el Antígeno Prostático Específico (PSA) que es un exámen de sangre donde se descarta cualquier afectación y ese es mucho más preciso

 

– Así la cosa cambia…

 

– Sí, como puedes ver no todo es tan complicado ni tampoco es que te van a tantear con un vibrador Soft Dragon texturizado de 19 cm

 

– ¿Cómo sabes que la Guaira es lejos?

 

– Coge consejo, pana, coge consejo para que llegues a viejo. Yo llegué a viejo porque todo el que me daba un consejo, yo lo cogía.

 

– Jajajajajaja… ¡Buena esa!

 

– Pide la cita con el urólogo y termina de vestirte para ir a trabajar que esa consulta no se va a pagar sola

 

– ¡Mira la hora que es! y yo aquí hablando con mi próstata

 

– Cuídate, Carlos. Cuídanos

 

– ¡Ya lo dijo!

 

La moraleja de este cuento es: si tu próstata pudiera hablarte te diría que no fueras tan prejuicioso y que la autohomofobia es una patología absurda. Si ya tienes más de 45 años o si sientes alguna incomodidad al orinar o durante el acto sexual, ve a consulta con un buen médico.

 

No hay ninguna vergüenza en decir: “doctor, quiero que esta consulta sea estrictamente confidencial”, si eso te hace sentir más tranquilo. Consultar al urólogo no le quita masculinidad a nadie. Lo que sí puede quitarte años de tranquilidad es mentirte diciendo: “eso no es nada”.

 

Porque hay cosas que uno puede seguir ignorando… La próstata NO debería ser una de ellas.