Si algo sabemos por experiencia empírica es que la vida sexual, pero, sobre todo nuestro desempeño, dependen en buena medida de que la mente y el cuerpo estén alineados con un estado de relajación, disposición y deseo de pasarla bien para que el encuentro (incluso si es con uno mismo) tenga  efecto y resulte tan placentero como deseamos. Pero ¿Qué pasa cuando el mundo exterior se vuelve tan complejo, tan difícil de ignorar que toca nuestra intimidad sexual?

¿Cómo preservar la líbido en momentos de tensión social?

Por un asunto neurológico, en situaciones de estrés, la libido se esfuma, el que te conté no levanta vuelo y la otra se seca y hasta se cierra, y de aquello no quiere nada. Cuando el cerebro reptil se activa constantemente y nuestro cuerpo produce oleadas de cortisol, o lo que  yo llamo “la hormona matapasiones”, en lo menos que uno piensa es el sexo. ¿Qué hacer?

El sexo como acto revolucionario

No, querido lector, no me malinterprete que no le voy a sugerir comenzar una “revolución”, ni salir a tirar piedras para que la adrenalina le produzca excitación y con los cables cruzados se le despierte el deseo sexual que creía perdido. Nada que ver.

Parafraseando a Benedetti: “Cuando los odios andan sueltos uno coge en defensa  propia”. De manera que si usted pretende sobrevivir a una posible Tercera Guerra Mundial sin caer en el celibato, estas sugerencias le pueden resultar de utilidad:

1. Racionamiento de noticias y tiempo en redes sociales. Primordial esto. Póngase una musiquita que le guste, que lo relaje o que al menos le permita desconectarse por un rato del mundo y concentrarse en su momento de placer. Prenda un incienso, una velita aromática, ¿Qué sé yo? lo que sea para crear un ambiente propicio y disfrutar, pero eso sí: con el teléfono bien lejos y la televisión apagada. Usted quiere acelerar su pulso, no tener un infarto viendo un noticiero mientras está en ese plan.

2. Explore sin presión. Con cariñito, como decía la canción: “des-pa-ci-to”. El timing es como la cocción al fuego lento, no se apresure, tómese su tiempo, entre en el mood y recuerde que la seducción es un arte, no es como hacer cola para un trámite burocrático donde le sellan un documento y de inmediato le gritan en la pata de la oreja “¡Siguiente!”.

3. Juegue, literalmente. ¿Ludo? No, mijo: coquetee, hágale un masajito en los hombros, en los pies, métase en el papel pero, de nuevo, sin atorarse. ¿Jugar a policías y ladrones? completamente válido, si los juegos de roles son lo suyo, ese es un muy buen recurso para dar rienda suelta a sus fantasías y vivir el momento a plenitud. Hágase el/la enfermo/a y pídale a su pareja que sea su enfermera/doctor. ¡El cielo es el límite!

4. Ríase. Cuando a Jessica Rabbit le preguntaron qué le veía a su pareja, un conejo de caricaturas que usaba un pantalón rojo con un solo tirante y un corbatín ridículo en el cuello, su respuesta fue “me hace reír”. RECUERDE: De las endorfinas a la oxitocina hay una carcajada de distancia, que se lo digo yo.

5. No se preocupe si dura  5, 10, 20 o 30 minutos. El disfrute y placer no solo se encuentran en la penetración, el juego y la complicidad son tan importantes como el acto en sí. Y después del sacudón, no olvide acurrucarse para reforzar la intimidad, el vínculo con su pareja. Recuerde que brindarle esa sensación de seguridad y bienestar es una de las cosas más necesarias en medio de esta crisis.

 

Hágale, que para luego es tarde.